La Apuesta de Pablo Bosch y Wenceslao Casares en Las Majadas de Pirque

febrero 2, 2021
La dupla de empresarios apunta a reactivar la demanda del hotel y sus instalaciones, pero sin perder el core del proyecto, que es crear capital social potenciando el encuentro y las redes. ‘Solo con las reuniones no nos alcanzaba para cubrir los costos y decidimos darle una vuelta al negocio y abrirnos al turismo tradicional. El Cajón del Maipo es un paraíso para explorar’, anticipa el también socio de BBosch.

 

Cuentas alegres sacan en Las Majadas de Pirque. A diferencia de la mayoría de los negocios turísticos y centros de convenciones que están con el agua hasta el cuello, sin poder abrir y generar ingresos, la historia de este palacio que fue construido en 1906 es otra: no paran de recibir visitas.

Tras permanecer cerrado durante seis meses, hoy el recinto -ubicado en el valle del Maipo y distante a unos 50 minutos en auto desde la capital- reenfocó su propuesta hacia el turismo de alto nivel y ofrece panoramas por el día, escapadas por el fin de semana, excursiones por la zona e incluso una especial celebración para el Día de los Enamorados.

‘Ha sido tanto el interés de la gente por venir, que estamos prácticamente llenos todo el tiempo y, a pesar del período complejo en el que venimos, este verano vamos a lograr alcanzar el punto de equilibrio del negocio’, anticipa Pablo Bosch Ostalé, uno de los socio del proyecto.

El empresario, titulado de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros en Madrid, es socio de la empresa de ingeniería y construcción BBosch, firma que lideró como ejecutivo hasta 2013. También fue presidente de Asimet, consejero de Sofofa y hoy director de Icare.

‘Solo con las reuniones no nos alcanzaba para cubrir los costos y decidimos darle una vuelta al negocio y abrirnos al turismo tradicional. El Cajón del Maipo es un paraíso para explorar. Estamos ubicados en la puerta de acceso, y hay un mundo de actividades y paseos que se pueden hacer desde aquí’, explica.

‘Las 8,5 hectáreas de parque son un tesoro invaluable’
Fue en 2006 cuando Bosch recibió una llamada de su amigo Wenceslao Casares, el empresario fundador de una decena de compañías de tecnología y finanzas -entre ellas, Patagon, Wanaco Games, Lemon Bank y Xapo- a quien conoció el año 2000, cuando coincidieron en un curso en la Universidad de Harvard. El argentino le pidió ver el estado de una propiedad que estaba evaluando comprar. ‘Sabía que Wences (como lo llaman sus cercanos) estaba en un viaje alrededor del mundo, y se comunicó conmigo desde un teléfono satelital, en medio del Atlántico, para contarme que quería comprar el Palacio Las Majadas y necesitaba que yo fuera a ver en qué condiciones estaba’, recuerda Bosch.

Esa fue su primera visita al lugar y su diagnóstico fue: ‘La propiedad hay que arreglarla y eso tarda dos años. Pero, las 8,5 hectáreas de parque que rodean al inmueble con mil árboles de hasta 300 años de antigüedad, son un tesoro invaluable y por eso vale la pena invertir en el lugar’, relata.

Cuento corto: Casares le compró Las Majadas a la familia Nieto, con la idea de convertirlo en su residencia particular. Sin embargo, el destino lo llevó a Palo Alto, California, a seguir desarrollando emprendimientos tecnológicos. Cuatro años después, en 2010, Pablo Bosch participó en una pasantía de dos semanas en la Singularity University, en Silicon Valley, y aprovechó la oportunidad para visitar a Casares. Fue ahí cuando decidieron asociarse para explotar comercialmente Las Majadas.

‘Wences me dijo que estaba pensando vender la propiedad, pero lo convencí de abrirla al encuentro y al diálogo. Puse la misma cantidad que él invirtió en la compra y con ese capital hicimos los arreglos que se necesitaban’, recuerda Bosch, sobre los inicios de este proyecto que surgió con la intención de facilitar las interacciones.

‘Siempre he sido muy apasionado con lo que hago y este proyecto tiene todo el sentido del mundo. Lo desarrollamos con el objetivo de crear capital social, algo que en Latinoamérica está concentrado en muy pocas manos, y formamos un lugar de encuentro. El plan era financiar todo eso con el producto de nuestras utilidades’, detalla.

En la sociedad original y con un porcentaje menor también estaba Diego Valenzuela, que es el abogado del empresario trasandino, y luego, en 2016, se sumaron dos nuevos socios y uno de los hermanos de Pablo Bosch, Enrique. Hoy Casares tiene el 31% del negocio, Pablo Bosch y su hermano el 26% y 20%, respectivamente; y el resto está en manos de los otros socios. En conjunto han invertido US$ 30 millones, lo que considera la adquisición de la propiedad y la restauración y remodelación del palacio, que tomó dos años, para habilitar en él siete salas de reuniones y un anfiteatro para 50 personas. El innovador proyecto entró en operación en 2015 y ha sido escenario de diversas actividades empresariales, académicas, cónclaves de negocios ligados a la innovación y emprendimiento, entre otros eventos.

Posteriormente, en 2016, abrieron un restaurante y un hotel de 50 habitaciones que funciona en el otro extremo del parque y que en principio buscaba acoger a los asistentes a jornadas de más de un día de extensión.

Socios levantaron 65 mil UF para enfrentar la pandemia
Todo iba viento en popa, como recuerda Bosch, hasta que en agosto de 2017 la Contraloría emitió un informe cuestionando el giro del recinto, por considerarlo incompatible con el territorio rural en el que estaba emplazado. Lo anterior gatilló la incertidumbre respecto a una eventual no renovación de la patente comercial por parte de la Municipalidad de Pirque. El conflicto escaló hasta la Corte de Apelaciones de Santiago, donde los propietarios del centro de eventos presentaron un recurso de protección. Finalmente, en abril de 2019, la Corte Suprema zanjó a su favor, permitiendo la continuidad de las operaciones del recinto.

El conflicto marcó un punto de inflexión, y tras un año con ‘ventas congeladas’, los socios decidieron ampliar su oferta hacia el turismo tradicional y así poder asegurar la solvencia del proyecto. En eso estaban cuando vino el estallido social de octubre de 2019, que paralizó las reservas hasta enero de 2020. ‘En el verano comenzamos a remontar hasta que llegó la pandemia, y cerramos las instalaciones desde el 22 de marzo hasta el 1 de octubre pasado’, precisa Bosch.

Sabían que estar cerrados implicaba meterse la mano al bolsillo para pagar los costos fijos. Optaron por mantener al personal y aprovechar el período de confinamiento para capacitar a sus 54 colaboradores en materias sanitarias y así estar 100% preparados para la reapertura. Para ello, los socios acordaron un aumento de capital por 65 mil UF -unos US$ 2,3 millones-. ‘Nos está yendo tan bien, que incluso contratamos a 10 personas más’, desclasifica el empresario local.

Hoy el foco de Las Majadas es diversificar su oferta para seguir captando turistas, a la par de las reuniones y encuentros, que han sido el sello distintivo desde su creación. Ficharon como gerente general a Jorge Prieto, un ejecutivo con experiencia en el rubro, y cuentan con representantes en Europa, Estados Unidos y Brasil para ofrecer el destino a los extranjeros apenas se reactive el turismo internacional.

Además, están implementando mejoras al hotel y en marzo van a llamar a licitación para habilitar un spa, que esperan pueda comenzar a funcionar a mediados de este año. ‘Nosotros creemos en Chile, en sus trabajadores y en el turismo. La naturaleza de este país es reconocida en todo el mundo y por eso invertimos y apostamos por esto. No nos vamos a salir porque alcanzar el equilibrio haya sido más difícil de lo previsto. Somos emprendedores y nos encantan los desafíos’, concluye Bosch.

Más de un siglo de historia: Desde Ramón Subercaseaux hasta Wenceslao Casares

Más de un siglo de historia: Desde Ramón Subercaseaux hasta Wenceslao Casares

La historia de Las Majadas está estrechamente ligada al desarrollo de la localidad de Pirque. Sus inicios se remontan al período precolombino, cuando la zona era habitada por nativos picunches. Luego, en 1830, el empresario minero Ramón Subercaseaux adquirió terrenos allí y tras su muerte, en 1864, la Hacienda de Pirque fue dividida en seis hijuelas para la viuda, Magdalena Vicuña, que hereda Santa Rita; mientras que sus cinco hijos -Manuela, Antonio, Emiliana, Carmela y Francisco- se quedaron con La Isla, El Cruceral, El Llano, San Juan y Las Majadas, respectivamente.

Francisco Subercaseaux Vicuña decidió construir una casa colonial en medio de los árboles y posteriormente, en 1905, sus hijos -los Subercaseaux Browne- encargaron al arquitecto Alberto Cruz Montt una nueva casa, mientras que el diseño del parque se le encomendó al paisajista Guillermo Renner.

La propiedad se mantuvo en la familia hasta 1928, cuando Julio Nieto, un exitoso agricultor del valle de Aconcagua, la compró y tras su muerte, la propiedad quedó en manos de su único hijo, José Julio Nieto Espínola, quien vivió en ella junto a su familia hasta 1972, cuando falleció. El fundo Las Majadas se dividió entre sus seis hijos y la famosa casa quedó en manos de Elvira Nieto, quien murió en 1987. En ese momento, sus descendientes decidieron abrir el recinto a la comunidad y destinar una parte del predio a un proyecto inmobiliario.

En 2006, el empresario argentino Wenceslao Casares compra Las Majadas y el resto es historia conocida.

 

Capdevila de la Cerda, C. (31 de enero de 2021).

LA APUESTA DE PABLO BOSCH Y WENCESLAO CASARES EN LAS MAJADAS DE PIRQUE: reenfocarse hacia el turismo tradicional y alcanzar un punto de equilibro este verano.

El Mercurio, Cuerpo B, pp. B2.

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