POV: participé en la Noche de Máscaras de invierno y esto fue lo que viví
Hay noches que comienzan como cualquier otra. Y hay noches que parecen sacadas de una historia.
La mía comenzó cuando llegué a Hotel Las Majadas, justo cuando el sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas de Pirque. El cielo cambiaba lentamente del naranja al azul oscuro. Las primeras estrellas comenzaban a aparecer y el Parque Centenario adquiría otra atmósfera.
Mientras caminaba entre los árboles, alcé la mirada. A lo lejos apareció la fachada del Palacio completamente iluminada. Me detuve unos segundos. Es impresionante pensar que esta construcción fue un hogar a comienzos del siglo XX. Hoy continúa siendo uno de los grandes protagonistas del Valle del Maipo.
Pero esa noche había algo diferente.
Bienvenidos al baile
Subí por la terraza del Palacio y crucé sus puertas. Lo primero que vi fueron las máscaras. Había personas vestidas para la ocasión, pero ninguna máscara se parecía a otra. Algunas eran elegantes, otras extravagantes y varias parecían sacadas de otra época.
Por un momento, sentí que había entrado en una escena de película. Una copa de champaña y un bocado fueron suficientes para comenzar la noche. Después descubrí la variedad de cócteles. Había distintas preparaciones y, sinceramente, cada una parecía superar a la anterior.
Cuando comenzó la música
Entonces escuché los primeros acordes. Desde el segundo piso comenzaba a sonar un cuarteto de cuerdas. Me acerqué para escucharlo.
Las melodías llenaron el Palacio y cambiaron completamente el ambiente. No todos los días se tiene la oportunidad de escuchar un cuarteto de cuerdas. Mucho menos dentro de un Palacio, rodeado de personas con máscaras.
Fue uno de esos momentos en los que simplemente quieres quedarte escuchando y disfrutar del presente.
Una sorpresa detrás de otra
Cuando terminó la presentación, noté que varias personas hacían fila, los seguí y descubrí un set de Azaleia.
Mientras esperaba, recibí un regalo de DBS. Era una bolsita con distintos productos que, debo admitir, ya comencé a probar.
Además, cuando llegué a mi habitación después del evento, me encontré con una nueva sorpresa: otra bolsa más grande de DBS con distintos productos en su interior. Fue un detalle inesperado que me alegró encontrar después de una noche así.
Pero volviendo al evento, la noche todavía tenía mucho por delante. Regresé a la celebración y la música, las máscaras y el ambiente del Palacio seguían siendo protagonistas.
Llegó mi turno para las fotos de Azaleia. Podía escoger los tacones que quisiera de la marca. Había colores, diseños y estilos diferentes. El espacio estaba ambientado con flores, texturas y asientos que parecían trasladarme a otra época.
Entonces apareció el fotógrafo. Me ayudó a posar y, después, pude acceder directamente a las fotografías mediante un QR. Durante unos minutos, sentí que estaba dentro de una revista de moda.
Una copa de vino antes de bailar
Después de mi pequeño momento de modelo, llegó el instante de volver a la fiesta.
Esta vez elegí un tinto de Marqués de Casa Concha. El color, la textura y su intensidad fueron perfectos para esa noche.
Me gustó tanto que, mientras lo tomaba, pensé que probablemente terminaría comprando una botella para disfrutarla en casa.
Pero la noche todavía tenía mucho por delante.
El Palacio se transforma
Vi que las personas comenzaban a entrar al Salón Magnolia. Decidí seguirlas.
La música cambió y la energía también. La DJ Paula Achurra tomó el control de la noche y comenzó una nueva etapa de la celebración.
Sonaron canciones para bailar, cantar y disfrutar. Poco a poco, las máscaras comenzaron a desaparecer. Los grandes abrigos quedaron a un lado. Y la pista de baile se convirtió en la protagonista.
Cócteles, bocados y una noche que no quería terminar
La barra libre continuaba funcionando y podía encontrar distintos cócteles durante toda la noche.
El equipo de Majadas también recorría los espacios con tablas llenas de bocados. Cada cierto tiempo aparecía una nueva preparación. Era imposible no probarla.
Entre una canción y otra, seguía descubriendo sabores, conversaciones y personas que habían llegado con la misma intención: disfrutar una noche diferente.
Una noche para recordar
Cuando finalmente llegó el momento de volver a casa, miré nuevamente hacia el cielo. La luna iluminaba el camino entre los árboles del Parque Centenario. Las estrellas seguían ahí, acompañando una noche que había comenzado entre máscaras y terminado entre música, sabores y conversaciones.
La Noche de Máscaras edición invierno fue, para mí, mucho más que una fiesta. Fue como entrar durante algunas horas en un cuento. Un cuento con un Palacio, máscaras, música, vino y una noche despejada en el Valle del Maipo.
Y quizás eso es lo que hace especiales estas experiencias. Por unas horas, dejamos de ser espectadores y nos convertimos en parte de la historia.





